En ocasiones, pasearse por una gran juguetería
es echar sal en una herida abierta. Tantos juguetes maravillosos que nunca
te regalaron, ya sea porque no existían en su época o porque
el concepto de lo que había que regalar a un niño era diferente.
Juguetes que ahora te podrías permitir perfectamente pero que sin embargo
ya no atesoran la misma ilusión que antes. Lo que a un niño
le resultaba fascinante, a un adulto posiblemente le resulte aburrido y
sería una temeridad arriesgarse.
Pero en ocasiones,
un fabricantes de juguetes, casi por casualidad, crea un producto que puede
estar bien para niños pero que puede verdaderamente fascinar a los
adultos que se convierten, para sorpresa del fabricante, en sus mayores
compradores y usuarios, cuyas ventas superan las expectativas de la
compañía y cuyo éxito periodístico e informativo
sorprende a todos.
 Pues
recientemente eso es lo que ha sucedido con un producto de la
compañía LEGO. Se trata de uno de sus kits, el
MINDSTORMSTM también denominado Sistema de Invención
Robótica (desarrollado, por cierto, en colaboración con el
Instituto Tecnológico de Massachusetts). Su principio es bien simple.
Uno tiene la piezas habituales de los productos LEGO TECHNIC: engranajes,
poleas, motores, sensores, etc., y a éstas se les añade un
nuevo bloque de LEGO, el RCX (que aparece en la imagen de esta página)
que no es más que un microprocesador al que se le pueden conectar
motores y sensores. Con ayuda de una pequeña torre de infrarrojos
conectada al PC y gracia al detector de infrarrojos incorporado en el RCX
es posible programarlo para que realice sus propias acciones y tome sus propias
decisiones independientemente. Es decir, que uno puede fabricar sus creaciones,
dotarlas de sensores de presión o luz (es posible comprar o fabricar
sensores adicionales con otras funcionalidades) y luego dotarla de una
inteligencia (limitada) autónoma.
Es evidente que
para cierto tipo de adulto, un juguete así es irresistible. En primer
lugar, porque uno se ahorra el complicado trabajo de tener que ensamblar
piezas disímiles de electrónica o mecánica en el mundo
real. La piezas de LEGO no sólo son de altísima calidad, sino
que por su inteligente diseño se sitúan a medio camino entre
las operaciones mecánicas básicas y las operaciones puramente
mentales. Para personas más reflexivas que mecánicas, como
yo, son una bendición. Usar piezas de LEGO es más como manejar
símbolos abstractos que construir. Y en segundo lugar, porque es posible
ver en acción algunos conceptos de robótica que uno sólo
conocía superficialmente. Es divertido leer sobre robots que se comportan
con inteligencia en la realidad. Pero el respeto que se siente por sus creadores
aumenta cuando intentas fabricar un simple robot con cuatro ruedas que no
choque continuamente con las paredes.
El
MINDSTORMSTM se puso a la venta en octubre del año pasado
en Estados Unidos, Inglaterra y Canadá (se espera que esté
a la venta en España en septiembre, por el momento hay que comprarlo
por Internet o aprovechando un viaje) y la compañía esperaba
vender unos 12.000 hasta final de año. Las ventas llegaron a los 80.000
(la mayoría comprados por adultos para adultos) y fue ampliamente
reseñado en revistas de informática y electrónica. Tres
meses después de ponerse a la venta, sus usuarios habían
desarrollado varios entornos nuevos de programación (el que viene
con el producto es limitado y vale sólo para iniciarse), un sistema
operativo alternativo (que permite programar en C++, por ejemplo) y nuevos
sensores. Todo ello conservando la simplicidad original del producto. Tan
simple es y tan bien diseñado está, que puedes fabricar tu
primer robot a la media hora de abrir la caja.
Como ven, un juguete
perfecto para un/a niñ@ interesad@ en la ingeniería, o para
esos adultos que, sin serlo en la vida real, llevan a ese pequeño
ingeniero dentro.
Para mayor
información les recomiendo dos páginas:
http://www.legomindstorms.com y
http://www.crynwr.com/lego-robotics/
Desde ellas podrán navegar y ver algunas de la creaciones posibles
con este producto. Feliz robótica.
© Pedro Jorge Romero 1999
Publicado originalmente en
BEM 67
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