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Calvin y Hobbes

Los niveles de realidad en la obra de Bill Watterson

por Xavier Riesco Riquelme

Este pequeño análisis viene mediatizado por el hecho de que en España la tira cómica nunca ha sido un medio de éxito -con la excepción de Mafalda, Snoopy y Garfield y algún que otro autor nacional como J.L. Martín, el creador de Quico el Progre -; quizás debido a que es un medio de expresión mucho más propio de los países anglosajones; también hay que tener en cuenta que el formato no es casual, viene dado por la publicación periódica -lo que permite el desarrollo de argumentos continuados, serializados. En los libros solemos ver el compendio del trabajo realizado durante bastante tiempo, a veces diario durante años, puesto a disposición de cualquier lector que tenga un par de horas (o menos) libres en vez de depender de la aparición periódica de la tira en la publicación(es) correspondientes. Algo que no se da mucho en España, que solemos comprar estas recopilaciones, pero los lectores de otros países tienen por costumbre seguir día a día este tipo de obra, como por ejemplo Dilbert en cualquiera de sus formatos.

Calvin y Hobbes -que recibieron en su momento el premio a la mejor obra extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona- se inscribe directamente dentro de la mejor tradición de entorno familiar/doméstico, sin embargo el planteamiento del humor en la obra de Waterson, el autor de la serie, está más cerca del tratamiento iconoclasta, surrealista y excéntrico de The Far Side de Gary Larson que de la relativa simplicidad de Schulz. La comparación es efectiva porque tanto Larson como Waterson conocen perfectamente la estructura profunda de la historieta, el juego con el formato, la historia y la psicología de los personajes (y la del lector). Existen obvias diferencias entre Larson y Waterson: Larson utiliza normalmente la técnica de la viñeta única con un solo pie de viñeta con texto para crear efectos más impactantes, mientras que Waterson suele usar el formato tradicional de varias viñetas encadenadas -la sucesión normal de la historieta- pero ambos se acercan en el uso de golpes de efecto que rozan (o en el caso de Larson llegan directamente y pasan de largo) el surrealismo, y en la adopción de universos y puntos de vista múltiples frente a la relativa simpleza de la tira cómica tradicional.

 

Calvin y Hobbes tiene como protagonistas principales a Calvin (niño: pequeño monstruo de tendencias sociopáticas), Hobbes (tigre de peluche/animal parlante), los padres de Calvin (dos), Susie (compañera de clase/eterno femenino) y algunos personajes secundarios, aunque no muchos (la maestra, la sádica niñera universitaria…); el supuesto resto del mundo -otros adultos- son siempre mostrados de forma indirecta, desde fuera del encuadre de la viñeta. El entorno, sin embargo, puede ser cualquiera, desde la estratosfera al cretáceo; lo que rompe la tradición del ambiente único para la tira cómica de carácter doméstico. El peso de la serie reposa básicamente sobre las espaldas de Calvin y Hobbes. Calvin no es, evidentemente, un niño realista. Incluso tratándolo como una aproximación a "niño", el personaje posee una gran dosis de imaginación y conocimientos ajenos a los de un niño "normal". Hobbes es el compañero de juegos de Calvin y posee las características de los famosos "amigos invisibles" de los niños norteamericanos. Hobbes parece un enlace entre la ingenuidad infantil y una cierta malicia, malicia que sin embargo predomina más en Calvin, de carácter más próximo al de un adulto. De hecho Hobbes parece un prototipo del buen salvaje con grandes dosis de indolencia gatuna mientras Calvin aparece como el niño (teóricamente inocente) corrompido por la civilización. El resto de los personajes son, necesariamente, estereotipos, lo que hace que Calvin resalte más en un entorno de actores perfectamente conocidos (sufridos padres, intransigente profesora, matón de patio de colegio).

Pero ¿dónde se esconde la verdadera originalidad de la obra de Waterson?. Desde luego en el personaje de Calvin no está: los niños de tira cómica suelen tener unos cuantos rasgos parecidos: poseen visiones casi adultas del mundo, un inmenso acervo de conocimientos sobre éste (en el caso de Calvin mayormente entomológicos, zoológicos, paleontológicos y de crítica artística postmodernista) y una gran capacidad para la respuesta sarcástica. La originalidad tampoco reside en Hobbes: el compañero animal antropomorfizado -aunque Hobbes sólo pretende ser un tigre muy superficialmente- ya está bastante visto. Tampoco está en el resto de personajes secundarios. La originalidad de Waterson está en el tratamiento de los diferentes niveles de referencia en el universo ficticio de su obra. Existen al menos cuatro niveles de ficción dentro de la obra. Y estos niveles están interrelacionados en la lectura, no son independientes y se influyen mutuamente y esto es lo que dota a Calvin y Hobbes de su profundidad estructural.

Para comenzar, el primer nivel -no por orden de importancia o de frecuencia de aparición- es el entorno familiar y social de Calvin (Padres, niñera, colegio). En este nivel se explotan sobre todo las reacciones de los demás ante el pequeño monstruo que es Calvin (en este nivel Hobbes aparece sólo como un peluche, sin volición ni discurso sensible). Pero este nivel "realista" se halla poderosamente influido por otro nivel más subterráneo, pero también más poderoso a su vez y que es el principal: aquel en el que Hobbes está antropomorfizado y es verdaderamente un personaje. Calvin y Hobbes interaccionan continuamente con el primer "realista". Es memorable, por ejemplo, la serie de secuencias en la que Calvin quiere aprender escapismo en plan Houdini y pide a Hobbes que lo ate a una silla, cosa que hace y luego no puede liberarlo. Hasta que acude el padre a desatarlo. La broma, evidentemente es que Calvin no ha podido atarse solo, que es lo que sorprende al padre de Calvin mientras Hobbes queda reducido a un peluche inane.

Otro nivel menos complicado de analizar, pero que también reviste su ingenio, es el de las aventuras imaginarias de Calvin solo como el Capitán Spiff (aventurero intergaláctico) o las sucesivas encarnaciones de Calvin en animales monstruosos. Este nivel si está caracterizado como puramente imaginario -sin las extrañas relaciones del nivel Calvin/Hobbes con el primer nivel mencionado- pero la última escena siempre pertenece al nivel "real" y es donde descubrimos que Calvin ha aplicado un poderoso filtro imaginario a una situación "real" (aunque Hobbes pueda estar presente como personaje siempre y cuando se cumpla la regla de exclusión de cualquier otro personaje) para distorsionar la lectura más simple del mundo a favor del cinismo de Calvin y sus fantasías de poder. Paralelo a este nivel existe uno similar pero donde la única regla narrativa es la imaginación de Calvin (o la de Waterson) donde los límites entre el primer nivel "real" y los otros son mucho más difusos; como por ejemplo la serie de secuencias en la que Calvin decide viajar en el tiempo hacia el futuro con Hobbes para robarse a si mismo los deberes del colegio que no ha hecho (deberes que su yo futuro tampoco ha hecho porque Calvin no ha estado ahí para hacerlos). La diferencia de este nivel con el segundo (Calvin/Hobbes) es que la única parte imaginaria en el segundo nivel suele ser la presencia de Hobbes, las actividades de Calvin son de lo más comunes en el segundo nivel (aunque no sus implicaciones). Este último nivel parece corresponder a la imaginación conjunta de Calvin y Hobbes.

Para terminar señalar que Bill Waterson es licenciado en ciencias políticas y que el nombre de Calvin proviene del Calvino, el teólogo protestante que instauró una teocracia, mientras que el de Hobbes viene dado por el escritor de Leviatan . Cualquier conclusión filosófica sobre el significado de los nombres de los personajes se la dejo al lector. Calvin y Hobbes es en cierta manera un curioso experimento en el uso de estructuras narrativas. Algo realmente original y que se aparta -aunque no lo parezca a primera vista- de caminos trillados de la tira cómica tradicional. Lamentablemente, Bill Waterson ha dejado de dibujar esta tira cómica que posiblemente le haya cogido el pulso a los noventa más que cualquier estudio sociológico.

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