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L I B R O S   E X T R A N J E R O S
Policías y ladrones: Men at Arms de Terry Pratchett
Publicado en BEM 45

por Pedro Jorge Romero

Cuando Sir Thomas Bodley estableció su biblioteca en la universidad de Oxford prohibió expresamente la presencia de libro inútiles, entre los que se encontraban las obras de teatro. Eso sucedía en el año 1602, alrededor del cual vivieron autores de género como William Shakespeare, Ben Jonson o Philip Marlowe. La actitud era lógica; se consideraba al teatro como un entretenimiento popular sin valor literario. Hoy, esta es una historia con moraleja, el teatro de la época se considera entre las mejores obras de la literatura inglesa.

Mucha gente tiene ideas similares sobre el humor. Si una obra es humorística se considera un entretenimiento sin valor; olvidando sin embargo que Shakespeare y Ben Jonson también escribieron comedias. Si te ríes, parece ser la lógica, la obra no debe ser muy buena.

Terry Pratchett comenzó su serie del Mundodisco con El color de la magia (1983). La idea inicial era una sátira de las premisas de la fantasía situada en un mundo plano que se sostenía sobre cuatro elefantes que a su vez se apoyaban en una gran tortuga que nadaba por el universo. Tanto esa novela como su continuación, La luz fantástica (1986), eran obras aburridas sin demasiado interés. Los siguientes volúmenes de la serie -Ritos iguales (1987), Mort (1987), Rechicero (1988), Brujería (1988), Pirómides (1989), ¡Guardias! ¡Guardias! (1989), Eric (1990, con Josh Kirby) e Imágenes en acción (1990)- representaron un cambio: Terry Pratchett ampliaba su campo de intereses y se reía de más cosas. En general eran historias más atractivas, ideas mejor tratadas y libros muchos más interesantes que sus predecesores. Pero fue a partir de El segador (1991) cuando Terry Pratchett dio la sorpresa. De pronto teníamos entre las manos una novela divertidísimas que a la vez trataba con humor temas muy serios. La siguiente, Brujas de viaje (1991), fue aun mejor; hasta llegar a la que posiblemente sea la mejor novela de la serie: Small Gods (1992). Lords and Ladies (1992) representó un pequeño bache, era ambiciosa pero fallida, aunque lo que parecía una carrera descendente se recupera admirablemente en este Men at Arms (1993) -a falta de leer las últimas por el momento: Soul Music (1994) e Interesting Times (1995). Ahora las novelas del Mundodisco son más divertidas porque son más interesantes.

El humor, la ironía y la sátira pueden ser armas poderosas para un escritor. Con algo de humor, con una ligera sonrisa en la boca del lector, es más fácil convencerle, atacarle, transmitir en suma aquello que el autor quiere decir. Lo sabía Swift, lo sabía Henry Fielding (que empezó riéndose de Pamela para acabar escribiendo Joseph Andrews y Tom Jones) y lo sabía Mark Twain (¿quién no queda desarmado ante las reflexiones serio-cómicas en las que se embarca Huckleberry Finn?).

Terry Pratchett pertenece desde hace ya algunos libros a esta tradición en el uso del humor como herramienta para hacer literatura. Parece en su obra que está hablando de una cosa cuando en el fondo está hablando de otra. Te pilla desprevenido y sin darte cuenta te coloca una reflexión muy seria disfrazada de patochada y enunciada por un personaje de nombre absurdo. En cierta forma, podría decirse que un escritor cómico es siempre un moralista porque reírse de una actitud implica tomar otra como referencia.

Y nadie puede acusar a Terry Pratchett de no ser ambicioso. En El segador contaba lo que le sucede a la muerte cuando es despedida de su trabajo, y de paso hablaba de lo que significa vivir. En Brujas de viaje recreaba con maestría los cuentos infantiles para de paso hablar del poder, del poder de no tener poder y del valor que hace falta para no usar el poder. En Small Gods parodiaba El libro del sol nuevo de Gene Wolfe en la historia de un chico con memoria infinita que debía ayudar a sobrevivir a un dios convertido en tortuga, y reflexionaba sobre la intolerancia religiosa y, más importante, sobre sus causas (es además la novela con el mejor final de toda la serie). Todo esto además con un lenguaje preciso, cuidado, escogido y minucioso. Porqué la literatura y el humor no admiten un trabajo a medias: o se hace bien, o se hace el ridículo (por desgracia, las traducciones de sus novelas son bastante pobres y se pierde el uso esmerado que el autor hace del lenguaje).

Y en Men at Arms tenemos una historia de detectives (se me olvidaba comentar que a Terry Pratchett le encanta navegar entre los géneros para sus novelas del Mundodisco) en la vieja Ankh-Morpork cuando una poderosa arma (inventada por Leonardo da Vinci) desaparece misteriosamente y siembra el pánico en la ciudad. Y también tenemos una historia sobre las relaciones raciales, sobre la política de estado, sobre los peligros del nazismo y sobre la naturaleza de los héroes.

Lo más curioso de este libro es que puede leerse dos veces. La primera vez se lee para descubrir la solución del misterio (es decir, ¿quién mató a Beano el payaso?) y como se las arreglará Zanahoria para evitar convertirse en rey. La segunda vez se lee para disfrutar de la maravillosa organización de la trama, para captar las sutiles huellas que adelantan la acción, que construyen el argumento, que apuntalan a los personajes, para disfrutar, al fin y al cabo, de la arquitectura de esta novela. Porque en este libro hay personajes que luchan, sienten y tiene problemas que es urgente solucionar. Los personajes tontos que poblaban ¡Guardias! ¡Guardias! y la hacían una novela aburrida, se convierten aquí en los verdaderos pilares de la trama y en la verdadera, y última, razón para leer esta y otras novelas del Mundodisco. Y todo con humor.

Esta novela demuestra que Terry Pratchett ha aprendido, delante de nuestros ojos, a convertirse en una magnífico escritor.

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