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Pedro Jorge Romero

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Una luz en la oscuridad: The Demond Haunted World de Carl Sagan


por Pedro Jorge Romero

No es un secreto que en el mundo hay optimistas y pesimistas. Consideremos esta idea de Wells, que Carl Sagan no cita aunque el subtítulo del libro (“la ciencia como una luz en la oscuridad”) me la ha recordado y parece interesante: la ciencia es como una llama en la oscuridad, pero en lugar de ver paredes llenas de secretos, lo que vemos es más oscuridad. La visión es pesimista, un mundo rodeado por la oscuridad que ni siquiera nuestros conocimientos científicos puede eliminar. Pero parece que para Carl Sagan ese punto de vista tiene al menos dos lectura. Por un lado, si vemos más oscuridad deberíamos alegrarnos porque eso significa que quedan más cosas por descubrir. Por otra parte, esa llama en la oscuridad ya es un refugio, por muy pequeño que sea, ante un mundo lleno de supersticiones y miedos ancestrales.

Después de su reciente muerte, es inevitable leer este último libro de su autor, The Demon-Haunted World [Un mundo lleno de demonios] como un testamento, el mensaje final a un mundo sumergido cada vez más en la superstición. Carl Sagan defiende con vigor una visión del mundo que lo contemple tal como es, en que las decisiones que se tomen tengan en cuenta la condición humana y su lugar en el universo y no cuentos maravillosos.

Es evidente, para cualquiera que no viva bajo una piedra, que en nuestra sociedad se da la paradoja de que un avance tecnológico sin precedente va acompañado de un auge de creencia que son en el mejor de los casos irracionales y a lo peor peligrosas. En un mundo en el que se entiende el funcionamiento del universo como en ninguna otra época, en una sociedad en la que las oportunidades de recibir una educación superan a las de cualquier otra en la historia de la humanidad, hay mucha gente, gente educada, que cree firmemente en la astrología, en que civilizaciones extraterrestres avanzadas no tienen nada mejor que hacer que venir a la Tierra a descuartizar ganado, que ciertos cristales emiten misteriosas energías curativas o que se pueden ejercerse influencias mágicas usando los electrodomésticos. Creencias todas ellas defendidas en muchas ocasiones sin la más mínima prueba que las apoye o con argumentos falaces. O más grave aun, hay muchas personas educadas que consideran que la visión científica del mundo es ajena a la condición humana y que no aporta nada a la vida en la Tierra.

Muchas de esas creencias irracionalistas son examinadas por Carl Sagan en este libro. No desde el punto de vista de quien se niega a aceptarlas (en todo momento deja claro que hay que mantener la mente abierta) sino del que no ha encontrado pruebas convincentes que las apoyen. Se trata, más que de un proceso de ataque, de un curso rápido en el análisis científico y racional de la realidad, que nos permita evaluar que hechos del mundo son reales y cuales son producto de nuestra imaginación y expectativas humanas. Se trata principalmente de una defensa apasionada de la ciencia, entendiendo ésta como un método para explorar la realidad y no como un conjunto fijo de conocimientos.

Carl Sagan se toma mucho cuidado en nunca atacar a las personas que mantienen esas creencias. Como ser humano comprende las necesidades humana de entender el mundo (aunque sea simplificándolo hasta hacerlo irreconocible) y de trascendencia (aunque sea suponiendo extrañas influencias de ciertos astros). El mismo admite que le gustaría creer que de alguna forma una parte de sus padres sigue viva. Pero también deja claro que desde su punto de vista un consuelo ilusorio no es consuelo. También defiende que muchas de esas creencias son peligrosas, cuando hacen que la gente se entregue a tratamiento médicos sin eficacia (o dejarse “operar” por un curandero).

Quizás hoy el mundo es demasiado complejo y difícil de entender y quizás sólo sea natural que mucha gente se refugie en seudociencias que prometen una explicación simple. Pero dar de espaldas a la ciencia se esa forma puede ser aun más peligroso, porque limita nuestra comprensión global del mundo y nos impide tomar decisiones reales para arreglar nuestros problemas. Ése es el otro tema fundamental del libro: la necesidad de que los ciudadanos de las naciones modernas tengas conocimientos científicos suficientes para tomar decisiones que les afecten (como el uso de la energía nuclear, la manipulación genética, etc...). Varios capítulos se dedican al pobre estado de la educación en Estados Unidos y no hay muchas razones para pensar que en nuestro país sea muy diferente.

Para bien o para mal, en las sociedades modernas hay temas que no pueden dejarse de lado. Temas (tecnológicos y medioambientales) demasiado importantes para dejárselos a los políticos. La responsabilidad de un ciudadano de un país democrático es mantenerse informado. No es vano, el último capítulo del libro se titula “Los verdaderos patriotas hacen preguntas”. Aceptar una visión de las cosas por autoridad es la peor forma de actuar y en el mundo moderno necesitamos del escepticismo y la duda razonada para construir un mundo mejor.

El libro es en suma una defensa apasionada de la razón.

Sirva de despedida y recuerdo esta cita del autor: “Damos sentido al mundo por la valentía de nuestras preguntas y la profundidad de nuestras respuestas”.

Publicado en BEM 55 (febrero-marzo, 1997)
© Pedro Jorge Romero 1997

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