Un muy divertido cómic de fantasía que se pega de mamporros con todo el mundo, incluyendo, claro, todos los clichés y los lugares comunes del género. Eso sí, lo más sorprendente es que tampoco vacila en enfrentarse al lector, pero siempre con la intención de hacerle reír.
por Xavier Riesco Riquelme
-Tienes que romperle la cabeza con una piedra y luego mojas pan.
Es difícil explicar cuál es el atractivo de la serie de la mazmorra. Posiblemente sea una cuestión tan básica como que el cerebro humano parece diseñado para buscar patrones, para percibir conexiones y establecer relaciones entre objetos por muy disímiles que sean. Esta propiedad de la especie produce construcciones tan diversas como religiones, ciencia y crítica literaria.
Este tercer volumen de una serie de cómic, como los anteriores, contiene muchas referencias y permite establecer muchos patrones de identificación: Los juegos de rol, las novelitas de fantasía épica, los dibujos animados de la Warner, los cómics de animales antropomorfos al estilo Usagi Yojimbo, el Tío Gilito y los dibujos de Walt Disney, el tipo de humor que se puede hacer con los tópicos anteriormente mencionados y cosas así. Se trata de una serie de un carácter completamente “referencial”, hay bromas y alusiones casi constantes a cosas que el lector posiblemente reconozca, así como guiños y bromas y relecturas de situaciones clásicas de los universos de fantasía. De hecho, con estos elementos a mano, cabe esperar que el lector prototípico de la serie responda a unos parámetros bastante determinados, y que la serie se mueva completamente dentro de esos parámetros, los mismos mencionados anteriormente. Lo que le da gracia al asunto es la voluntad de subversión que le ponen tanto el dibujante como el guionista, un cierto ataque a las expectativas del lector de vez en cuando y un sentido del humor equidistante entre lo amable y lo realmente cruel, entre lo simple y lo ingenioso y, sobre todo, entre lo “genérico” y lo universal.
La comparación más evidente para este tipo de obra que amalgama un montón de referencias de subgéneros sería, en España, las obras épico decadentes del famoso Cels Piñol. Tanto La Mazmorra como Fanhunter parten de la misma premisa y presentan unos universos curiosamente plásticos y maleables en los que las referencias son inmediatas para un determinado tipo de lector, y en el que el humor viene dado por las situaciones en las que personajes “arquetípicos” e incluso “icónicos” se enfrentan a contextos también arquetípicos pero completamente fuera de quicio.
La diferencia más sustancial está en que Cels Piñol es un saqueador directo, ofreciendo las cosas sin camuflajes y con los nombres originales, creando esa “amalgama” mientras que Sfar y Trondheim parten de un universo personal para ofrecer un resultado parecido, con la diferencia de que es un poco más difícil para el lector saber cómo responderán los arquetipos de Sfar y Trondheim a las situaciones que como lo harán los de Cels Piñol.
El uso del humor también difiere.
La Mazmorra se caracteriza por un humor bastante surrealista, aunque parta de tópicos conocidos, y en ocasiones es bastante cruel. El mejor ejemplo en este caso es el discurso final (o casi final) del villano de turno cuando le ofrecen para comer niños vivos. Lo que le fastidia es que el ofrecimiento esté hecho sin crueldad y que provenga de unos retrasados mentales, lo que ofende su dignidad: por supuesto que no le importa matar niños, de hecho le encanta, lo que no aguanta es que se lo impongan.
La mayor parte de las situaciones son más bien comunes (espadas mágicas quisquillosas, villanos quisquillosos, confusiones de identidad, peleas a degollina y evisceración y todo eso…), pero lo original en esta obra no es un solo elemento ni el uso particular de uno de los tópicos, sino ese ambiente entre desquiciado y socarrón que los autores consiguen transmitir a los lectores, esa especie de atentado constante contra las expectativas del lector que muchas veces se basa directamente en el choque entre el dibujo y el texto, entre el ambiente de cuento con animales y lo atroz de determinadas posturas de los personajes.
Quizás no sea tan buena como amalgama como el Fanhunter de Cels Piñols, puede que no tenga personajes tan ricos como llega a crear Terry Pratchett en sus obras, pero si es lo suficientemente ingenioso, divertido y ocurrente como para que valga la pena echarle un vistazo a las aventuras de Herbert el pato, el dragón Marvin y los problemas económicos del Señor de la Mazmorra y su curioso grupo de asociados.
© Xavier Riesco Riquelme 2001
Este texto no puede reproducirse sin permiso.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.
Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.