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Portada de El beso de Milena de Paul McAuley
Valoración: 4 estrellas de 5

La factoría de ideas. Madrid. 2001. Título original: Fairyland (1997). Traducción: Manuel Mata Álvarez-Santullano. 350 páginas. ISBN: 8484214672.

El beso de Milena

Paul McAuley

De entre los nuevos autores británicos, Paul McAuley es uno de los más interesantes. Practicante de una literatura centrada en la biología, no desprecia sin embargo la ucronía histórica o el romance espacial. En esta novela nos presenta una Europa del futuro dominada por los avances en biología, genética y... ¡hadas!

por Xavier Riesco Riquelme

Hadas.

En un futuro no demasiado lejano, las grandes empresas comercializan muñecas producidas por ingeniería genética para placer, diversión (ilegal, pero muy rentable) y trabajo. En un mundo alterado por el cambio climático, las oleadas de refugiados del tercer mundo y las nuevas posibilidades tecnológicas, McAulley presenta una historia compleja, extensa, envolvente, inventiva y llena de prodigios que, pese a las apariencias, jamás abandona el camino de la especulación científica más brillante mientras describe un futuro en el que síndrome de Frankenstein da vida a una serie de inquietantes mitos que afectarán de varias maneras a la configuración del mundo, desde la gente de a pie hasta las multinacionales pasando por los navegantes de la red. Estos cambios, muchas veces, serán siniestros, brutales y poco deseables.

O sea, hadas de verdad.

McAuley es el autor de la increíblemente entretenida Pasquale's Angel, que lleva el género del steampunk hasta la Florencia del Renacimiento y de lectura muy recomendable. En esta ocasión, McAuley toma las posibilidades de la genética, la memética, las redes de computación, el desarrollo de femtomáquinas (la nanotecnología ya está obsoleta, por lo que parece) para pintar un fresco a gran escala (aunque mediante los ojos de pocos participantes) sobre el futuro, la especie humana, conspiraciones a nivel global y que le pasa a esta nuestra especie cuando de repente descubre que está compartiendo el planeta con otras varias especies recientemente dotadas de albedrío.

Ahora bien, ¿que es lo que ha modificado a unas muñecas comerciales hasta convertirlas en algo tan aparte de lo humano que necesariamente llenan un antiguo nicho del inconsciente colectivo? Esa es la historia en la que será protagonista involuntario Alex Shrakey, pirata genético, creador de drogas psicoactivas mediante virus y criminal de poca monta endeudado hasta las cejas por jugar con criminales de verdad y, posiblemente, el Merlín de la nueva era hechizado sin piedad por la nueva Nimue, la belle dame sans merci del futuro post-nanotecnológico, pretendiente al trono de Titania y posiblemente también autoproclamada nueva Diosa Blanca de Graves.

Sin embargo, la historia de Alex y la Milena del título es sólo el comienzo de la epopeya. A esto le seguirá una narración que tardará años en completarse, mientras Alex, que se parece más a Ignatius Reilly que a Merlín, pasará todo ese tiempo aprendiendo sobre el mundo y sus habitantes (sobre todo sobre los nuevos) antes de poder actuar…

La comparación entre el personaje de Alex y el de Reilly no es tan gratuita como se pudiera pensar: aparte de gordo, torpe y poco propenso a tomar decisiones, la característica fundamental que comparte con el personaje de Toole es una decidida idiosincrasia particular propia digna del genial medievalista atrapado en una ciudad del siglo XX. De la misma manera, McAuley narra un futuro urbano poco alentador mediante la siempre estimulante estratagema de soltar los monstruos del sueño de la razón.

Bueno, y si no es Reilly, entonces debe ser Falstaff, tanto en Las alegras comadres de Windsor como acompañando al príncipe (o princesa) que le dará la espalda en el futuro.

Además, El beso de Milena es uno de esos libros que ganan imparablemente conforme avanza la narración, porque tiene detrás a un escritor inteligente y lleno de recursos, que no se para nunca si puede seguir y (lo más importante e un libro de estas características) jamás, jamás, jamás insulta la inteligencia del lector pretendiendo contarle exactamente lo que pasa, sino dejando que éste lo averigüe por si mismo y evitando, excepto en determinadas ocasiones, comparar él mismo los textos feéricos que componen este magnífico libro donde hay trolls, licántropos, hadas, elfos, bacantes, dioses astados y, por otro lado, transvases mente-máquina, máquinas Von Neumann en Júpiter, escaramuzas bélicas en guerras balcánicas aún por librar, virus potenciadores específicos de estados mentales y contaminación biológica y memética a gran escala.

Para terminar, la única pega que le encuentro en la edición española es la elección del título, El beso de Milena. La razón es que me parece curioso hacer mención de un nombre que no tiene, en realidad, ninguna relevancia ni forma parte de la trama aunque aparezca en ella. La verdad es que el original (Fairyland “El País de las Hadas”) me gusta bastante más porque se ríe de los tópicos que la propia obra destroza sin piedad, y al menos sí tiene una relación con la trama, desde la obsesión personal de Alex Sharkey al último destino de la Disneyland Europa. Pero claro, supongo que suena a fantasía.

Magnífica novela que va subiendo en intensidad y en ideas imparablemente hasta una conclusión… que no existe.

Xavier Riesco Riquelme (Mbandaka, 1972) es estudiante de filología inglesa. Realiza reseñas de libros para diversos medios y colabora habitualmente con El archivo de Nessus. Ha escrito algunos cuentos, muy buenos y originales, pero es demasiado vago para intentar nada más largo.

Su opinión:

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